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Fotografía

Según Alejandro Vásquez, responsable científico del Inventario de Desarrollo Infantil (INDI), este trabajo permite “tomar cartas en el asunto antes de tener un rezago educativo”

El INDI es una herramienta que forma parte de la plataforma GURÍ y que los maestros utilizan para evaluar a los niños a través de diferentes indicadores. Se observa a los alumnos durante tres semanas, dos veces al año, y se responde sobre indicadores que valoran cuatro dimensiones: el desarrollo cognitivo -lenguaje, habilidades lógico-matemáticas, descentramiento, conocimiento general y funcionamiento ejecutivo del niño-, el desarrollo motor -motricidad fina y gruesa-, el desarrollo socioemocional -conducta prosocial, comportamiento internalizante o externalizante-, y la disposición para el aprendizaje, que evalúa motivación, creatividad y adaptación a las rutinas.

De esta manera es que los maestros pueden obtener una evaluación del perfil del niño, que permita focalizarse en las áreas a trabajar. Esto es registrado dentro de Gurí -sistema web del Consejo de Educación Inicial y Primaria que permite la gestión unificada de registros e información de alumnos y docentes- y, a partir de esos datos, la educación se nutre para entender a las distintas necesidades en el aula.

En el último reporte presentado el pasado 26 de setiembre, se realizó un análisis de los cinco años de existencia del Inventario. Si bien comenzó a partir de la presentación de un proyecto de inclusión social en 2013 a la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) de la Udelar, hoy es una política pública que abarca a los 19 departamentos del país.
La Mañana dialogó con Alejandro Vásquez, responsable científico del proyecto INDI por la Facultad de Psicología, quien planteó los logros y retos de este trabajo que, a pesar de su reciente implementación, es tomado en cuenta como ejemplo por países de la región y el mundo.

El abordaje de indicadores de riesgo

En el programa no se trata únicamente de identificar cuáles son los factores que podrían complicar la trayectoria de un niño al ingresar a primer año de escuela, sino que también se busca generar estrategias que lleven a que el niño logre su máximo potencial de desarrollo. Por esto, es que a los chicos que poseen dos áreas descendidas de las cuatro a abordar, son observados. Recientemente se aprobó un protocolo entre MSP y Codicen para evaluación más pormenorizada de estos niños que se espera que se empiece a implementar a la brevedad.

Esto indica que “un primer nivel de respuesta a la evaluación se está consolidando”, dijo el entrevistado. Agregó que el protocolo intersectorial busca la prevención también y “tomar cartas en el asunto antes de tener un rezago educativo”.

Aseguró que otra observación que se analizó en la última presentación es que, frecuentemente, los niños que están muy descendidos en un área, tienen gran probabilidad de estar muy descendidos en otra área. “El 2% de los niños tiene riesgo elevado en dos, tres o todas las áreas. Esto puede llevar a situaciones que comprometan la salud y bienestar actual del chico, y es necesario atenderlas, por eso se han tomado acciones en ese sentido”, expuso Vásquez.

Otro factor es el tema del quintil, donde los niveles de desarrollo muestran diferencias bastante amplias, según dijo. “Los niños del quintil uno suelen ser bastante más desfavorecidos, no únicamente en áreas que se han pensado como las más influenciadas por el estatus socioeconómico -que es el desarrollo cognitivo- sino también en aspectos socioemocionales, motores, de actitudes frente al aprendizaje, y de diferentes maneras, el problema está presente en todas las áreas”, agregó.

El entrevistado aseguró que en este sentido entra en juego el tema de la democracia del desarrollo, “incluso en niños de tres años esas diferencias son muy marcadas, y debemos pensar en cómo garantizamos sus derechos”, dijo. Indicó que hay un trabajo que forma parte del conjunto de la educación, la familia y de la salud también. “Creo que el trabajo con INDI le permite a ANEP tomar la avanzada en eso, en la identificación de situaciones de vulnerabilidad”, puntualizó.

El desafío de formar y transmitir

“Nosotros tenemos desafíos como equipo científico, y es trabajar en cómo transmitimos la información”, aseguró Vásquez. Se busca poder enseñar a los docentes a leer los reportes de manera de no “etiquetar” a los niños, sino que sea tomado como una evaluación que marca las áreas a abordar de cada alumno. “Si la maestra quiere usar ese reporte para transmitirle algo a los padres, debe saber cómo se usa y cómo se interpreta”, afirmó.

Planteó además que un proceso de etiquetamiento puede ser perjudicial para el niño y eso se quiere evitar lo más posible. “Esta es una herramienta para pensar cómo se puede trabajar mejor, integrar al niño y estimularlo, cómo atiendo sus problemas de habilidad social o integración en el grupo. Creo que ese es uno de los principales desafíos que tenemos: trabajar en formación magisterial para que puedan evaluar adecuadamente a los niños y utilizar los resultados de la mejor manera”, remarcó.

Otra línea de trabajo que surgirá a pedido del CEIP es que los reportes de los niños estén disponibles para las maestras de primero. Eso también implica desafíos en cuanto a formación de ellas para entender los reportes de educación inicial. “Buscamos que los maestros puedan tener formación en INDI y en evaluación, no solo en la aplicación, que se distinga que evaluar no es diagnosticar”.

Uno de los puntos que más rescató Vásquez de este proyecto es el compromiso de los maestros, que antes de que se implementara como política, ya se involucraron en el asunto. En el año 2015 se estima que fueron 25 docentes lo que utilizaron INDI, tres años después, fueron más de 4.000 quienes lo aplicaron, cifra llamativa si se tiene en cuenta el grado de innovación de la política.

“Para nosotros y para el CEIP era muy importante lograr sumar todos los maestros posibles y llegar a cada punto del país, porque a partir del análisis de todos los niños de educación inicial es que se pueden tomar decisiones para orientar políticas públicas”, detalló el entrevistado.

De herramienta a política pública

El Inventario de Desarrollo Infantil (INDI) es un instrumento que evalúa la disposición para la escolarización del niño en los niveles tres, cuatro y cinco de Educación Inicial. Fue desarrollado desde la Facultad de Psicología de la Universidad de la República en colaboración con la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP). Si bien en principio se trataba de una herramienta por la que los maestros ofrecieron su participación para desarrollar y calibrar el instrumento, hoy se ha transformado en una política pública aprobada por el Consejo de Educación Inicial y Primaria que se implementa en los 19 departamentos.
El INDI, originalmente, fue un proyecto de la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC). En el desarrollo del mismo participaron inspectores de primaria, quienes brindaron sus opiniones y se hicieron trabajos con maestros para determinar qué indicadores eran más factibles de ser observables.
Es un instrumento diseñado para el uso de los docentes de educación inicial, sobre las características de los niños en función de lo que puede verse en el salón de clase. Evalúa cuatro grandes dimensiones: lo cognitivo, lo motor, aspectos socioemocionales y de disposición para el aprendizaje.
Según expresa la web de la evaluación, constituye el primer paso crucial para la elaboración de estrategias de intervención, para asegurarse de que se atienda el problema adecuado. La aplicación de este instrumento colabora en la detección precoz de dificultades en capacidades necesarias para los procesos educativos. Permite idear estrategias para brindar la atención requerida por los niños de forma oportuna, así como evaluarlas, contribuyendo a su bienestar actual y futuro.

Fecha
10-10-2019